¡El Barrio Obrero tiene una nueva cara aun mas impresionante y tienes que ir a verlo ya! Olvidate de la idea de que la salsa en Cali es solo para salir de noche, encerrarse en una discoteca y disfrutar una rumba pesada hasta el amanecer. Ahora el parche más bacano es de día, al aire libre, con un sol sabroso y en pleno corazón de uno de los vecindarios más tradicionales de la ciudad. Tras una inversión gigante de más de 15 mil millones de pesos, la Alcaldía le aposto a sus calles para transformarlo en un verdadero museo vivo donde la música se respira en cada esquina y donde el plan es 100% familiar.
Caminar por ahí ahora es una delicia porque recostruyeron los andenes, hicieron ciclorrutas y modernizaron su infraestructura electrica. Lo mejor de todo es que el diseño urbano se armó pensando en la música. Mientras vas caminando te topás con una ruta increíble de más de 100 fachadas pintadas con murales llenos de color que te cuentan la historia de la salsa, además de 12 esculturas de leyendas de la música antillana que son perfectas para la foto del recuerdo. El ambiente es tan parchado que se convirtió en el sitio ideal para el famoso "tardeo" caleño de los fines de semana. Es hermoso ver cómo se junta la vieja guardia a tirar paso con los jóvenes y los niños; son tres generaciones azotando baldosa en plena calle, compartiendo un cholado o una lulada bien fría sin ningún misterio.
En este nuevo circuito hay paradas que son totalmente obligatorias para armar el plan completo con los tuyos. Tenés que pasar por el Museo de la Salsa de Carlos Molina, un rincón mágico que guarda la colección fotográfica más impresionante del género en el mundo y que ahora quedó perfectamente integrado a la zona peatonal. También está La Matraca, ese templo de resistencia cultural donde todavía se escuchan tangos, boleros y salsa clásica en su estado más puro, o los locales tradicionales como Calivinyl donde los melómanos van a buscar vinilos y tesoros escondidos. Los domingos la cosa se pone aún mejor gracias a iniciativas como "Salsa al Barrio", donde los coleccionistas sacan sus mejores joyas en acetato para poner a bailar a todo el que vaya pasando.
Al final, lo que pasó con el Barrio Obrero demuestra que cuando se rescata la identidad de la gente, la ciudad vuelve a la vida. No se trató solo de cambiar cemento por adoquines, sino de devolverle la calle al ciudadano y dignificar el lugar donde nació el sonido que nos hace famosos en todo el planeta. El Obrero dejó de ser un recuerdo de la Cali de antes para convertirse en el presente más vivo, seguro y alegre que tenemos. Así que armá el parche con la familia, los tíos, los abuelos y los niños, porque el nuevo Barrio Obrero está listo para que lo camines, lo disfrutes y, por supuesto, te lo bailés de principio a fin.
