domingo, 16 de agosto de 2026

Cali se levanta: después del dolor, siempre nace la esperanza

El pasado 10 de agosto, Colombia vivió uno de esos días que quedan marcados para siempre en la memoria. Un fuerte terremoto de magnitud 7,4 sacudió buena parte del país y dejó a su paso dolor, destrucción, familias afectadas y muchas historias difíciles de contar. El epicentro estuvo en San José del Palmar, en el departamento del Chocó, pero el movimiento se sintió con fuerza en diferentes regiones y golpeó especialmente a ciudades como Cali, Pereira y otros municipios del occidente colombiano.

En Cali, nuestra querida Sucursal del Cielo, el panorama después del movimiento fue desolador. Edificaciones afectadas, viviendas destruidas, calles llenas de escombros y familias buscando desesperadamente noticias de sus seres queridos hicieron que muchos caleños vivieran momentos de angustia y miedo. Sectores de la ciudad resultaron seriamente afectados y los organismos de socorro tuvieron que trabajar sin descanso para atender la emergencia y buscar personas entre los escombros.

Pero en medio de todo ese dolor apareció algo que ninguna tragedia puede destruir: la solidaridad de nuestra gente.

Bomberos, socorristas, médicos, enfermeros, policías, voluntarios y ciudadanos comunes salieron a ayudar. Personas que quizá nunca se habían visto antes se dieron la mano, compartieron agua, comida, techo y palabras de ánimo. En las calles, en los barrios y en los lugares donde más se necesitaba una mano amiga, volvió a aparecer ese espíritu que tantas veces ha demostrado el pueblo caleño: cuando uno cae, el otro lo levanta.

Porque Cali no es solamente sus edificios, sus calles, sus parques o sus lugares emblemáticos. Cali es su gente. Son las madres que abrazan a sus hijos, los padres que buscan proteger a sus familias, los jóvenes que ayudan a remover escombros, los comerciantes que comparten lo que tienen y los vecinos que convierten sus casas en refugios para quienes lo necesitan.

Hoy todavía hay tristeza. Hay familias que lloran a sus seres queridos, personas que han perdido sus viviendas y ciudadanos que sienten temor cada vez que la tierra vuelve a moverse. No podemos desconocer ese dolor ni pretender que todo se soluciona de un día para otro.

Pero también debemos recordar algo: los terremotos pueden derribar paredes, pero no tienen el poder de derribar la esperanza.

La historia de Cali está llena de momentos difíciles. Y cada vez que la ciudad ha tenido que comenzar de nuevo, su gente ha demostrado que sabe levantarse. Esta vez no será diferente.

Tal vez tendremos que reconstruir viviendas, recuperar negocios, reparar calles y levantar nuevamente muchas de las cosas que fueron destruidas. Pero también tendremos que reconstruir la tranquilidad, recuperar la confianza y volver a mirar hacia adelante.

Y eso se hace paso a paso.

Hoy más que nunca debemos estar unidos. Ayudar al vecino, acompañar al que perdió algo, compartir con quien tiene menos y tender la mano sin preguntar de dónde viene ni quién es. Porque en momentos como este entendemos que, antes que cualquier diferencia, somos caleños, somos colombianos y somos una comunidad que puede salir adelante cuando permanece unida.

A quienes hoy están pasando por momentos difíciles, queremos decirles algo desde el corazón: no están solos.

A quienes perdieron su hogar, que encuentren fuerzas para comenzar nuevamente. A quienes perdieron a un ser querido, que encuentren consuelo y fortaleza en medio de un dolor que no tiene palabras. A quienes todavía tienen miedo, que recuerden que después de las noches más oscuras también vuelve a salir el sol.

Cali volverá a sonreír.

Volverán las familias a reunirse en los parques, volverán los niños a jugar, volverán los negocios a abrir sus puertas y volverá la música a llenar las calles. Volveremos a escuchar el sonido de una ciudad que, aunque hoy está herida, no está vencida.

Porque Cali podrá estar golpeada, pero sigue de pie.

Y mientras exista una persona dispuesta a ayudar a otra, mientras exista una mano extendida, una palabra de aliento y un corazón dispuesto a compartir, habrá esperanza.

Cali se levanta. Cali sigue adelante. Cali volverá a brillar.

Que Dios acompañe a cada familia afectada por esta tragedia y que la solidaridad de todos los colombianos se convierta en fuerza para reconstruir lo perdido.

Hoy lloramos lo que pasó, pero mañana comenzaremos nuevamente a construir lo que viene.

Porque cuando un pueblo permanece unido, ninguna tragedia tiene la última palabra.